domingo, 12 de octubre de 2008

LOS HOMBRES DE SOBACO ILUSTRADO (Texto de 2005, Alemania)

Escribo desde la cocina. Las ventanas están abiertas y veo el patio iluminado por el rayo fino del sol en los últimas días del invierno. Practico recetas de escritura. Tomo un café muy malo, suave, como para niños. Mi compañera toma el sol con su madre. Yo siempre tengo frío. No me gusta el sol. Ni la playa. Ni la desnudez gratuita del verano.
Tengo las manos estropeadas, porque aquí el agua es muy dura. No tengo ganas de cumplir. Pero hay que justificar el destierro.
El carnaval es sórdido y me recuerda a Larra antes de suicidarse... A veces me pregunto cómo sería la vida sin citas ni personajes. Es pura gimnasia. Ésta que hago yo para contentarte. Soy experta en malversar emociones... Escribir sin ganas es como empeñarse en seguir en la cama cuando ya no tienes sueño. Como dejar el cuerpo muerto cuando te abraza el gran fornicador. Es divertido hacerlos sentir inútiles, eunucos, tristes Farinellis (y?). Tengo frío y las bragas que llevo hoy me molestan. Se me clavan en el culo.
No hay mañana que no me caiga de sueño. Siempre quiero estar cinco minutos más en la cama. Me levanto con calma. Miro al techo. Maldigo. Me retuerzo y me estiro. El gran cuadro me da los Buenos Días y yo le contesto con una reverencia. Huelo a calorcito y parezco, de nuevo, una niña recién levantada.
Hay un espejo apoyado en la pared. Ahí interpreta mi cuerpo sus posturas de bailarina de Degàs. Me veo con una extraña perspectiva de enana que mira al gigante. Encantada, señorita. Luego me desnudo y atisbo las nuevas venas que me han florecido. Despuntan nuevos arcos de calamitoso desgaste. Tengo las manos afiladas y un hueco profundo a la altura del estómago, donde se unen las costillas. Recojo el sofá y poso como Olimpia, pero sin criada negra. Me repugna el desnudo con los pies tapados, por eso, sólo en ese momento, me permito estar descalza. La revieja sueña en su diván freudiano como las niñas de Carrol en angelical postura fotográfica. Parezco buena, parezco santa. Y de repente, soy la Sra. Eluard en la cámara de Man Ray y estoy colgada en la gran sala del tonto de Luis.
Me ducho. Intento ducharme. No, no consigo entender este grifo de Anette. El agua me sale fría y toda la piel parece papel charol brillante de gotitas. El agua cae, pero yo no me mojo. Ventajas de ser la niña-sapo. Es el momento de la segunda fantasía del día: mi marido va a entrar en el cuarto de baño y yo no soporto que entre sin llamar. Viene canturreando, con el pijama mal colocado. Mete la cabeza entre las cortinas de la ducha para darme un beso de buenos días. De un golpe, le saco la cabeza con la mano mojada. Él lo toma como una alegre gracieta de mujercita joven. Pero a mi me irrita. Él sigue inconsciente el curso de la maquinilla de afeitar, embobado, con el calor de las sábanas y la cercanía de otro cuerpo. Lo llamo por su nombre. Cierro el grifo. Silencio. Y yo le digo: no te quiero.
Salgo entre furtivas risas del cuarto de baño. ¡Qué alegre es la independencia de las separaciones! Ya falta un poco menos para fumar el primer pitillo del día. Si a las 5 vienen los del piso, tendré tiempo de ir a tomar un café. Aquí el tiempo es elástico y la soledad esponjosa. Trata de encoger en un puño la esponja de la ducha. No puedes. Pues la soledad interrumpida por terceros es así. Suena a seguro de accidentes, pero es verdad.
Subo al autobús con cara de “mecagoendios”. Una ceja más levantada que la otra por si a alguien se le ocurre acercarse. Los libros debajo del brazo, como los hombres. Ellas parece que llevan un bebé descamisado, por eso rodean los bártulos con signo de abrazo y ademán de repisa. Los hombres llevamos los libros clavados debajo del sobaco. Somos funcionales, no nos andamos con mariconadas ni posturas. Yo sólo impostura. Una mano en el bolsillo del pantalón, abrigo sobre los hombros y llega Lord Byron al seminario: “¡hooola, buenos días!”. Se acabó, ahora a representar el papel de alegre imbécil...

martes, 7 de octubre de 2008

"RECUERDA, CUERPO"

Viernes, 25-VI-04.
Es de noche. Ya casi van a dar las 23.05, pero fumo voluptuosamente recostada sobre mis mantas, mientras escucho a Edith Piaf y el dormitorio se impregna de olor a catedral. Estoy de jornada romántica con mi “ego”:tenue luz de velas, mi cama convertida en diván de odalisca, yo recién duchadita y perfumada, Cavafis en el suelo y la foto de dos chicas besándose con esa apreciada asexualidad angélica del lesbianismo andrógino. Todo muy homosexual, desde mi querido Constantine hasta mi yo reclamándome desde la cama. Qué extraño es escribir sin coartadas, aunque tú nunca sabrás cuál de ellas te escribe. Supongo que no tiene importancia. Ojalá me pudiese desdoblar y abrazar mi cinturita, oler mi nuca, besarme con cuidado como con aire infantil y sentir la cercanía de un cuerpecito como el mío, liviano, casi sin peso, dormidamente despreocupado, en el que el sexo no sea un salvajismo de carne ,sino una identidad de piel compartida. Esto me recuerda a Alejandro cuando tenía dos años; si le ponías la boca en forma de beso, el correspondía con una dulcísima saliva en los labios. Lo desangelizaron convirtiendo el beso en una convención de mejillas resecas.

También me gustaría acunar a mi niño. Ese niño que la naturaleza no me dará nunca, porque no puedo engendrar un infeliz más para un mundo nauseabundo. Sería condenarlo desde el principio al suicidio. Nadie lo libraría de la carga genética de una madre demente, pero yo necesito a mi pequeño aunque sólo sea un dibujo de aire sobre los brazos que acunan la dulce nada de los niños que nunca nacerán. Los niños, realmente, me hacen llorar. En el autobús, en los centros comerciales, en las cafeterías con esas madres repugnantes que les fuman en la cara. En el fondo, o están muertos o tienen esa crueldad de los siete años que heredamos de nuestra infancia más cruel, cuando apretamos a un sapo en el puño o echamos alcohol en un hormiguero y luego lo vemos arder con cara de terrible satisfacción.

No me apetece volver al diván “marlene-dietrich”, quiero quedarme con las piernas colgando en al silla y pensando en el pobre Job. Seguro que si hubiera nacido en tiempos de Cristo, yo hubiera sido la primera en ponerle la esponja de vinagre en la boca. Me abruma pedir perdón por mis pecados e, incluso, por aquellos que pude no cometer. Tengo miedo de irme al infierno. “Yo quería ser apacible y buena”-dice ella. Y yo también.

Lo del lunes fue frustrante. El tío era un hortera de 26 años que me dijo “salud” en alemán cuando estornudé en una cafetería y a partir de ahí, patatín, patatán, te llamo. Yo creo que se dio cuenta de que no me había gustado estar con él. Apestaba a sudor y la boca le sabía a cerveza vomitada. Bueno, aún nos reímos un rato por teléfono las adoradas y yo. Dicen que no tengo término medio, que paso de puta a beata en un abrir y cerrar de ojos, que, en el fondo, soy una promiscua. Que se callen, yo todavía no me he tirado a nadie, porque la cena estaba muy bien preparada...Las adoro.

Bueno, voy a adorar mi cuerpo un rato y luego, leeré e lcapítulo de la clochard de rayuela.
L. Fraga.

jueves, 2 de octubre de 2008

PURA MIERDA


Fumaba sentada en la cocina, pensando quién era la chica paliducha y delgada del espejo y qué debía hacer con ella. Una mujer de pelo teñido, si es pelirrojo, siempre tiene mala reputación. Sabía que aquella noche escribiría pura mierda, pero llevaba un colocón emocional que me impelía a vomitar por escrito. Cogí unas cuchillas del armarito de mi padre y me hice un relicario. Nadie da importancia al Credo que rige en las cuchillas made in Germany. Pero yo sé hasta qué punto he visto caer mis vidas en paralelo y cómo no he acertado a comprender que ninguna me pertenece. Bernardo Soares escribe en su cuarto mientras yo lo miro de espaldas a la vida. Soy una muñeca que se rige por pulsiones pseudovitales, apenas el sueño es de mi mundo. Soares sueña hasta cuando no sueña.Sueñe el mendigo como príncipe y el príncipe como mendigo. He naufragado en baños de sal y he mirado al sol con los ojos bien abiertos. Pero soy la sombra perpetua de un Peter Pan que se quedó encerrado en la cripta de las leyendas perecederas.Me queda flojo el sombrero de Soares y su aliento asmático demasiado estrecho. He visto correr la sangre por mis muñecas y mis versos manchados por el rojo de mis venas, pero eso no me hace más fuerte que un árbol caído.La sangre embrutece y perturba, porque lleva a una ataraxia donde desaparece el dolor y da lugar a la era analgésica. Embrutece hasta el angelicamiento, porque nos convierte en seres sin más pasión que la falta de ella. Yo puedo superar la delgada línea del miedo y el dolor y convertirme en un donna angelicata sin largos cabellos y un enamorado Petrarca. He rezado a las vírgenes y he pedido que la muerte me llevara, pero eso no me hace más santa de ninguna devoción. Aquí, en este paraíso de los idiotas, donde una camisa rota es una bandera, nos alimentamos con rollos de celuloide y lentes microscópicas.Porque el amor ya sabe a poco y ha perdido su sentido, es una palabra manida, casi obscena para declarar la posesión. Yo aprendí el lenguaje de las alondras, cuando alguna vez fui niña, allá cuando la muerte no era la sopa de cada día. Pero de tanto sorber la sopa, desconocí a los pájaros y me cortaron el vuelo, dejando dos muñones donde antes hubo alas. Yo soy una mujer hecha de barro y de algas, harta de los nenúfares y de los cisnes, que mete sus pies embarrados en la ponzoña de la noche enferma que supura dolorida por todos los hijos muertos. Puede que no sea hoy ni tal vez mañana, pero algo me dice que esa niña que huele a sangre y a pis se llama Lucía y que algún día aparecerá colgada de lo alto de una lámpara. Yo no sé hablar de lo bello que hay en el ser humano, para eso están los poetas, yo sólo escribo lo que le dictan a mi conciencia los negros pensamientos perseguidores. Fui una vez sirena y con mi cuerno convocaba a todos los seres de la naturaleza para ofrecer a nuestro Dios Menor el fruto salino que se escondía en los cabellos de la Hidra. No hay nada más triste que un columpio; un columpio es la posibilidad de una caída fatal.El columpio y la mariposa es la memoria de un fracaso, la una de un salto que no pudo ser, la otra de la belleza crucificada. Se llevaron a mi padre para ajusticiarlo, yo sólo pude cavar su tumba. Los soldados reían borrachos entre tiros y meadas por las paredes. Yo me adormecí sobre la cama de Soares y me despertaron los estertores de la muerte. Pessoa se desdoblaba como en la imagen de un vizco y llevaba en cada mano un trozo de pan y cuchillo. Si alguna vez he sido feliz, no me he dado apenas cuenta. Me apetece tomar una copa, pero no hay nada en casa. Tomaré las pastillas para dormir y me daré un baño.Y yo sigo aquí, fumando en la cocina, esperando la moda de las venas cortas o largas.

sábado, 13 de septiembre de 2008

sábado, 16 de agosto de 2008

A CUCHI. MI INTERLOCUTOR

Hola Cuchi:

No me importa decirlo, pero te necesito como interlocutor para seguir escribiendo, eres mi motor en este momento. Escucho a los beatles y aspiro el humo de mi cigarrillo como si una serpiente venenosa se me enroscase al cuello, mientras miro por la ventana en este paraíso de idiotas, ciudad-dormitorio, donde las camas están deshechas después de hacer el amor y la guerra y huele a flujo frío y a caricias de plástico, a humedad de cuerpos doloridos por besos de mentira y a profilaxis con espermicida. Me pregunto quién soy yo en la cama. Soy una mujer inválida que besa con labios de acero. Soy una amante en voz pasiva. Una niña a quien una mujer prestó su cuerpo por un par de horas. En esta ciudad-dormitorio, donde nadie duerme, los amantes se miran con ojos de monóculo herido. La mirada desgajada por la navaja no es más que una forma del verbo "amar" "hecho polvo". Por eso yo te miro con los ojos en las manos. Y me pregunto por ese tú, que no es más que un pronombre sentado en una butaca del cine, cuando la película ya está a medias y no puedo descifrar los signos de tu frente. Es tarde ya. Cuando los ojos han caído de las cuencas, los cuerpos se vuelven figuras de arena, que se deshacen al intentar cogerlas. Alguien susurra un "Te deseo" en una esquina oscura de mi mente y de, pronto, me encuentro en el abismo de la infancia vestida de Femme Fatale. Deslizo mi navaja por el brazo y me complazco al contemplar la carne reflejada en el filo. Sólo desnuda soy más impúdica que la peor de las verdades-pienso. Y desfila mi navaja por los ríos azules que van de mi muñeca al pecho. Una mujer a la que nunca han besado más que viejos y borrachos es más hermosa con la piel mojada por la lluvia. Lucía nunca estará en el cielo con Diamantes, se beberá los diamantes y terminará vomitando brillantes en cualquier retrete. Yo soy una amante cruel. Un cuerpo hecho para perderse en licores sombríos y una mente perniciosa que envejece a cada hombre que me toca. "Ich liebe dich"- la sangre ya llega hasta los pies. Alguna vez amé a algún hombre, pero era tan pequeño que me cabía dentro del puño. Nadie sabe que me masturbo en las iglesias, dentro de los confesionarios para ser absuelta. He vuelto a fumar otro cigarrillo mortal. Cuando era pequeña, pensaba que la Virgen no tenía sexo. Ahora sé que hasta Dios se hace pajas. Qué dirían de mí en "La" Coruña, si supieran que escribos versos y blasfemias. Qué dirían de la pequeñina de los Fraga, si supieran cómo es en el fondo. Una pelleja!!! Hubo un tiempo en que planté flores, ahora planto pecados y arrogancia, porque soy "una mujer de pelo teñido" con un revólver en cada página. Cojo el autobús con destino a Puerta Real y apoyo la cabeza contra el cristal, mientras leo, en mi asiento, el Libro del desasosiego. Me pregunto por ese yo que me persigue sin descanso. Es tan hermosa como una muerte súbita. Yo tengo alondras en los cabellos que se alejan, cuando el semáforo está en ambar. Pessoa se ha sentado a mi lado.Huele a absenta. Sé que si la probase, me mataría como un mal sueño mata un amanecer. Mi yo es anguloso como la cara de un hombre enfermo. Pessoa lleva el sobaco ilustrado con la prensa del día. Ayer fui una buena hija, hoy, tal vez, beba más de la cuenta.El día que me lleven al altar que sea de beige y muerta, del brazo de mi padre y fumando "reales". Me consuela saber que, aunque nunca pueda ser madre, he tantos hijos como versos. Mis entrañas verán la luz del día y azules y brillantes se mezclarán con la tierra de los pastizales, cuando yo me mate. Cuando yo me mate, no habrá llantos ni flores, sino silencio y manos atadas. Cuando yo me mate, cantarán de nuevo los Beatles. Cuando yo me mate, nacerán todos mis hijos carne dura de la piedra. Cuando yo me mate, tan sólo llorará un niño al ver la luz. Cuando yo me mate, me meterán en el hueco que está al lado del cuartucho del enterrador. Cuando yo me mate, os liberaré de la carga de ser yo. Cuando yo realmente viva, beberé por todas las noches de soledad enquistada. Cuando yo realmente viva, cometeré pecados no imaginados a los ojos de los hombres. Cuando yo realmente viva, borraré mis huellas dactilares a fuego lento. Cuando yo realmente viva, habrá un temporal de canciones y ginebra. Cuando yo realmente viva, estaré más que muerta. Escucho la voz de mi madre enferma que me llama entre la multitud. Ha muerto de melancolía y ha venido a dar a esta estación de trenes que no llevan más que al infierno. Me acerco a ella y tomo su cara, pero se me rompe como una pompa de jabón que desaparece y sigue llamándome. Su cuerpo exangüe está entre los fardos y las cagadas de perro. No puedo tocarla, porque está intoxicada por el hastío y el agua radiactiva. Las monjas de mi colegio me enseñaron que tengo ovarios y vagina, pero yo a estas alturas aún me pregunto ¿de qué sirven? Siempre quise viajar a Casablanca, Rick y yo debíamos cerrar aquel asunto. Era un pacto entre caballeros. Nada de mujeres. Sólo él y yo. La chica no formaba parte del trato. Un revólver y cinco balas. Mary y yo tenemos un hijo que se llama Richard. Nadie me dijo qué estaba mal o qué estaba bien. Yo sólo era un chico de diecisiesete años con ganas de disparar. Todo el mundo dice que rías y tienes que pintarte una sonrisa estúpida de una felicidad que no conoces. Luego están los vitalistas, "qué hermosa es la vida", y piensas en cómo no los ahogaron sus madres en la cuna. También hay vendedores de redención que te aseguran un futuro en el paraíso, pero siempre pierden tu póliza. Ser feliz es un imperativo social. No se deprima, no sea descortes! Nadie quiere a un depresivo. La felicidad se busca como una sortija perdida. Rezando el Responso de San Antonio. Eres joven y bonita, qué más quieres. Hay que salir y divertirse. Pero tú quieres entrar y cerrarles la puerta en las narices. Dime algo, algo que no tenga que ver con nosotros.Dime que nacimos de madres distintas y que nuestra sangre es diferente. No me vengas con el rollo de que somos poetas. Yo sólamente escribo. Palabrear, palabrear, palabrear. Dame jabón y seré feliz por una noche. Dime algo bonito, tú que sí sabes hablar de lo hermoso del mundo. Yo sólo veo larvas por las paredes y niños sin cabeza o viajes de Rexer Flash. Te espero en la sala de visitas.

Un beso,

L.Fraga.

jueves, 14 de agosto de 2008

A CUCHI. DESARREGLOS HORMONALES

Hola Cuchi:
Necesito hablar; hablar de lo que sea, pero hablar. Palabrear, palabrear, palabrear.¡Padam, padam, padam! Escucho a la Piaf con su voz desgarradora, mientras mi pitillo se consume en el tendedero y mi alma se vende al mejor postor. ¡Padam, padam, padam! El mejor postor siempre es el viejo Diablo con su "infierno musical" y sus paredes de mucosa roja. "La Vie, L'amour" Cuando era pequeña pensaba que en otra vida había sido una asesina de Cristo. "La Vie en Rose" París nunca brillará tanto como el día que empecé a leer Rayuela y me convertí en una Clochard de las letras."Milord" Antoine Doinell aguantó los Cuatrocientos Golpes, yo he golpeado cuatrocientas veces mi cabeza contra esta piedra y ha nacido un niño. Los niños de piedra son hijos de la memoria y las lágrimas. Pondré una foto de Pessoa junto a mi Buda y encenderé candiles que eleven el humo azul de nuestros ojos."Comme moi" Ven, ven al paraíso de los niños perdidos, donde desnudos recorrimos la selva hasta atrapar nuestras sombras, esclavas de las miradas de los hombres de pensamientos negros, donde el corazón están en un pozo de piedra allá donde no llega ningún cubo. "Le Vieux piano" Mi padre tocaba Romanza sin palabras en el viejo Gaveau, cuando yo ya dibujaba niños ahorcados. He visto muñecas sin cabeza y mi sangre por las paredes. "Polichinelle" No hay nada más siniestro que la sonrisa blanca de un payaso de circo. El circo es una carpa de miseria y olor a mierda."Toujours Aimers" Una vez soñé con Praga inundada. Hace unas noches caminaba por Venecia inundada, con la ropa mojada pegada al cuerpo y sosteniendo un sombrero sobre la cabeza. Entre la gente, me saludaba Balzac que, como yo iba a la iglesia a no sé qué boda."L'Effet Que Tu Me Fais" Es algo extraño, como de sueño profundo; una mezcla de dulce borrachera y olor a cannabis. Imágenes de faunos y unicornios. Un Olimpo donde Baco campa a sus anchas."Mon Manage a Moi" Nunca he soportado el olor de los mercados. Anoche me vi entre vacas descuartizadas, tirada en el suelo, inconsciente, pálida con mi larga melena dorada y un reloj que marcaba las posiciones de la luna en la mano izquierda. "Mon Dieu" Llorar, llorar sin consuelo y guardar las lágrimas como souvenir para las Parcas. Llorar, llorar a pleno pulmón hasta caer de rodillas y recordar como se lloró por vez primera. Llorar, llorar sin huidas hasta hacerse una niña de nuevo."Hymne a L'Amour" Las parejas son como las persianas o las cisternas, nunca vuelven a funcionar igual por mucho que lo arregles. Algún Dios Mayor debió de decidir que yo no fuera amada; algún día encontraré el amor en el limbo de los idiotas."T'es Beau, Tu Sais" La liturgia del amor, desconozco el evangelio según san Mateo, en mi Biblia tan sólo se habla de un fuego abrasador en el que arderé eternamente. ¿Dónde están los príncipes azules? Cuando los repartieron a mí me dieron una rana, porque ya no quedaban."Bravo pour le Clown!" Sé recitar, sé escribir, se leer, se "estar", se hablar, saqué buenas notas, tengo un buen curriculum y la nariz roja. "C'est L'Amour" Es mi padre al piano, es mi padre hablando de literatura, es mi padre y su violín, su mano y la mía diminuta ante la enorme catedral de Compostela, es su pluma sobre el bade, es su té, es su prensa extranjera, es su voz llamándome por mi nombre."Non Je Regrette Rien" No, no me vencerán. Sé pelear. He luchado contra los hombres de pensamientos negros. No,no me vencerán. Sé pelear. He luchado contra botellas envenenadas de yoes adulterados."Avant Nous" Mi pie es estrecho y largo, por eso no puedo usar sandalias, si no tienen para meter el dedo. Pero camino rápido."Le Gaulante de Pauvre Jean" He hecho un collar con los nombres de mis perseguidores y he cavado más tumbas de las que podía rellenar."L'Accordeoniste" Recuerdo Hamburgo entre nubes; ella era hermosa y estaba al borde del canal, yo era una chica cualquiera en un país extranjero que pensaba en cómo nadan los cisnes y que rebuscaba en su cartera para un café que la hiciera entrar en café. Era mi madre y no la conocía. "Sous le ciel de Paris" Nunca serás más rica que ahora-me dijo la gitana al dejar mi mano. Compostela llora cuando haces equilibrios al borde de la navaja. "Le Bleu De Te Yeux" Aprendí de Greta Garbo que para mantener fija la mirada hay que mirar a un solo ojo. "Notre Dame de Paris" Creo que nunca perderé la ingenuidad, la inocencia me la robaron. Soy culpable de todos los cargos que se me imputan, pero yo sólo maté a un hombre con un verso."Le croix" Hay quien lleva su cruz con alegría, otros hacen que otros "otros" carguen la suya y luego estamos los crucificados. No dejéis nada descolocado, no vaya a ser que venga mamá y nos pegue. Recuerda siempre que aunque no eres buena, tienes que parecerlo, señorita. ¡Padam, Padam, Padam!

jueves, 7 de agosto de 2008

ADIÓS AL CÓLERA. AMOR EN TIEMPOS DE SARNA

“ALICIA EN EL PAÍS DE LA MENOPAUSIA”.

“ELECTRA NIÑA HABLA A SU ÚLTIMO PADRE”.

30-VII-2002, A Coruña: “La vida vista desde fuera”.

A veces, cuando leo a Pessoa en una cafetería, siento una común melancolía que nos une con hilos invisibles. Remuevo el café y siento que la cucharilla está unida a la taza, por eso remuevo y desremuevo con calma para que el hilo no se quede enredado. Miro para el café y veo la Rúa Doradores con sus gentes. Con esas gentes que viven una vida indolora y común, con un ritmo ordenancista que les impide ver su propia desgracia.

Pessoa se sienta y escribe. Nunca cruzamos las miradas, porque sé que entonces se rompería el encanto. Yo fumo lentamente, sabiendo que ese ojo ubicuo me mira sin decir nada. Las vidas de los demás se deshacen como polvorones, pero nosotros somos duros como piedras y por eso no podemos dejar de ser, ni siquiera cuando dormimos. El sueño es el único espacio del no-ser, pero que cuando se cambia de cajón, se convierte en otra parcela de la vida. Nos miramos desde fuera como monigotes y sonreímos al ver caminar nuestros cuerpos sin cabeza por la rue Montparnasse o como se escriba, ya me conoces.

Me da miedo haber perdido el ritmo ordenancista de la intrascendencia. Saber, en una palabra, que todos estamos solos, que yo estoy sola. Sé que mis arranques melancólicos no son una mentira, cuando cuelgo los ojos en cualquier parte y me descubro pensando en el pliegue de una cortina o en el papo de una señora gorda. O, como siempre, cuando pienso en mi madre y siento cómo se me eriza el pelo de la espalda y oigo gritos de niños en la calle. Todo me da miedo. Por eso cojo una piedra en la Dársena, la acaricio y cuando me he cansado de saber que cada una de las caras puede ser la mía, la tiro al mar y veo como se hunde. Espero unos segundos a ver si sale a flote, pero nunca vuelve a subir. Luego, cojo otra y me la meto en el bolsillo, por un estúpido “por si acaso” que no sé adónde me lleva con los bolsillos llenos de piedras blancas.

Luego, como castigo de no sé qué, fijo la vista en las grúas del puerto, que me dan tanto miedo, y me dejo asustar hasta el paroxismo. Me siento en el suelo y sé que he vivido algo. Algo tan estúpido como creer que me hundo con las piedras que tiro al mar.

25-VII-2002, A Coruña: “Adiós al cólera. Amor en tiempos de sarna”.

Me he quedado sola en casa. No tengo ganas de aguantar más a mis niños; que paseen solitos, mientras su mamá escucha “All Blues” y descarga su conciencia.

A ratos me viene a la memoria algo de Azorín sobre lo que yo misma he escrito y siento una dejadez de columpio que me chirría en los oídos. Te veo a ti en la Laponia de tu inconsciencia, recostado y olvidándote del mundo, leyendo un libro que te tiene felizmente desatado de la realidad. Cuando te pienso así, me pareces terriblemente inhumano.

Estos días me molesta todo. Tengo momentos de un vaginismo melancólico absolutamente nauseabundo, y , otros, de un capricho infantil que me acerca, cada día un poco más, a ese estereotipo de lo femenino que sabes que aborrezco. Quiero todo para mi. Quiero a la gente en exclusiva, cuando en el manual de la vida te dicen que eso es lo primero que no se puede hacer. Diga San Pablo lo que diga, el amor es el más sublime acto de egoísmo.

Es curioso, pero tengo una extraña sensación de “amor a bofetadas”, y es que no hay que confundir el amor, “esa palabra”, con el apego o la imperiosa necesidad de cariño. En invierno no lo noto tanto, pero llega el verano y sólo me encuentro con la dichosa niña de 5 años jugando sola. Mi infancia me despierta morbosos instintos asesinos.

Ayer caminaba por la estación, pensando en los Gaulois de Cortázar y, de pronto, vi, apoyada en el suelo, una maleta marrón con dos correas. Aquella maleta marrón era como una que había tenido mi padre – en los tiempos también infelices, de antes de que yo naciera-. Inmediatamente, recordé las fotos en blanco y negro de mis tres hermanos cogidos de la mano de mi madre en un viaje que hicieron a principios de los 70. Me quedé idiotizada mirando para aquella dichosa maleta que me traía recuerdos de olor a tabaco de pipa y el sentir orgánico de las piedras de Compostela. De pronto, vi en mi memoria: una mujer y un hombre se besan a oscuras; apenas puedo distinguir las dos figuras humanas; lentamente, los dos cuerpos se van trenzando sobre una cama, en medio de una oscuridad de pesadilla que no me deja verlos. No conozco a esa mujer. Una niña mira a esa pareja desde la esquina de los recuerdos que le faltan.

Las parejas se rompen como se rompen las persianas o las cisternas, que nunca vuelven a funcionar igual por mucho cuidado que tengamos. El amor es como un bebé que se nos cae de los brazos. Y me pregunto si no es demasiado triste que ya desde ahora tenga asumida esa desarmonía del amor; esa crueldad de las promesas que se rompen por falta de tiempo o, quizá, por exceso. Hace años, claro que creía en los príncipes azules y en los amores de perdices y pichones; ahora sólo creo en la constancia. El amor es algo demasiado serio que se rompe a fuerza de manosearlo y de darle mal uso. Es asqueroso. El amor es algo que los padres deberían aprender a llevar en secreto por mucho que se les caigan los trozos a cada paso.

27-IIV-2002. A Coruña: “Terrores nocturnos”.

Hoy he llegado al borde de una sensación justa y maligna. Me he dado cuenta de que no soy nadie; de que me he creado un mundo en el que empiezan a caer todos los andamios. Soy el centro de la nada, porque no soy nadie.

Me gustaría sentarme frente al ordenador con la chulería de la artista convencida, pero desde hace meses he empezado a comprender que nada de eso me pertenece.

Es complejo ser el ombligo de tu propio mundo, cuando sientes la pesadez de los mundos que te rodean.

Me miro constantemente al espejo como para recordarme la cara que tengo y no me reconozco. Me siento, no perdida, sino ausente de mi cuerpo. Nada me entretiene ni me desquita de esa constante llamada del yo al propio yo. El tiempo es elásticamente insoportable y la soledad egoísta y abandónica es un estado de constante alerta del sujeto que desea recordarse a sí mismo como un invitado impertinente que se nos cuela en casa.

Desearía no pensar o, al menos, pensar con claridad. Me canso de ser yo todo el tiempo. Es una pesada carga y una responsabilidad injusta.

Miro las paredes de mi habitación y en cada esquina encuentro un pedacito de mi llamándome a gritos para recordarme que es preciso volver al martirio de todos los días, pero no puedo, me cansa.

No me acostumbro a estar de vacaciones y me da miedo la inactividad. Me impongo tareas inútiles y soy incapaz de prestarles atención. No me acostumbro a vivir conmigo fuera de mi. No me conozco en la pereza y en la inacción, y resulta que es más duro convivir con la mujer parasitaria que con la mujer hiper-saturante(-saturada). Me cansa mi compañía y no consigo prestarles atención a los demás. La nada me lleva por caminos que excluyen a los otros y que, en determinados momentos, parece dispuesta a enajenarme. Me conduce a un estado de estupidez total en el que apenas pienso. Me he descuidado física y mentalmente, con una dejadez asquerosa como si, de pronto, me hubieran cambiado de cabeza. Escribo deliberadamente mal y es curioso, pero creo que no tengo remordimientos. Tal vez, cierta vergüenza de espíritu, porque a ése no se le puede engañar con tanta facilidad.

Los recuerdos se me amontonan como una mesa llena de papeles, y por mucho que lo intento, sólo consigo encontrar trozos de niñas rotas y adolescentes recortadas que veo a través de la distancia de quien contempla un accidente de coche como puro espectáculo. Me canso. Mi discurso se despersonaliza y me encuentro conmigo, borrachita de ego, vacía y sin ganas de hacer la cama. Porque dime: para qué hacer la cama, si de noche se vuelve a deshacer.

Lucía Fraga